Mujer apasionada con todas las cosas que sueña, piensa, dice y (des)hace.

Si me dejas comer a mí primero, es que te importo de veras.

—Santiago Segura, actor español (n. 1965)

(Source: elsabordeloscolores)

Tea… Coffee… Vodka.

Tea… Coffee… Vodka.

samnbk:

La siguiente es la exposición de motivos, de Adolfo Ruiz Cortines, Presidente de la República en 1952, para reformar la Constitución y explícitamente otorgarle el voto a las mujeres:

Considerando que la mujer mexicana, generosa y desinteresadamente ha prestado su valiosa aportación a las…

God bless Mother Nature
She’s a single woman too
She took on a heaven
And she did what she had to do
She taught every angel
To rearrange the sky
So that each and every woman
Could find her perfect guy.

(Geri Halliwell) It’s raining men.

Madrecita santa (Marta Lamas)

“Madre hay una sola”, “El amor materno es eterno”, “Mi madre es una santa”, “El amor de una madre aguanta todo”. ¿Qué hay bajo el mito del amor materno? Quienes han indagado sobre la especificidad de lo mexicano, desde Samuel Ramos y Octavio Paz hasta Carlos Monsiváis y Roger Bartra, han abordado cuestiones que rozan el mito de la madre. Un veto, con interesantes resonancias, es el guadalupanismo como culto a “nuestra madre morena”. Otra, la que plantea el machismo como resultado de “mucha madre y poco padre”. Una tercera es la que da cuenta de la fuerte presencia del culto a la madre en la cultura popular. Carlos Monsiváis ha señalado que la cifra de las películas mexicanas producidas entre los años cuarenta y los cincuenta que propositivamente tocan el tema de la madre rondó las mil. Estas producciones visuales, vistas por millones de mexicanos, siguen alimentando la idealización de la madrecita santa. Sin embargo, estas interpretaciones no dan elementos suficientes para explicar el crecimiento del mito de la madrecita santa, tan presente en la cultura mexicana.

Para comprender la fuerza que ha ganado el mito hay que interrogarse sobre qué está encubriendo la avalanche discursiva y comercial que exalta la maternidad. Marta Acevedo (núm. Vll de la serie Memoria y olvido de la SEP, México, 1982) da una pista al mostrar cómo, en México, la celebración del l0 de mayo, Día de la Madre estuvo vinculada a una manipulación política deliberada, frente al incipiente movimiento feminista mexicano. E1 proceso social yucateco, generado por la Revolución Mexicana, alentó un movimiento feminista que realizó su primer congreso en Yucatán en 1916. Entre otras cosas fue discutida la maternidad, planteándose la necesidad de libre elección y aconsejando a las mujeres a evitar embarazos no deseados mediante el método anticonceptivo de Margaret Sanger. A principios de 1922, cuando comienza a gobernar Felipe Carrillo Puerto, se realizan varios retos públicos de la Liga Central de Resistencia del Partido Socialista del Sureste. Grupos de feministas hablan por todo el estado sobre la emancipación de la mujer y sus derechos. Las conferencias son traducidas al maya y se establecen comités feministas en varios lugares. Las críticas al pueblo yucateco, en especial a sus mujeres, no tardaron. Entre marzo y abril de 1922 varios periódicos locales emprenden una campaña contra las feministas y sus propuestas inmorales para evitar la procreación.

En este contexto, Excélsior retoma la celebración norteamericana del Día de la Madre y convoca, en 1922, a un festejo igual, con el apoyo decidido de Vasconcelos, entonces Secretario de Educación Pública, el arzobispo primado de México, la Cruz Roja y las Cámaras de Comercio. Las propuestas feministas quedan enterradas bajo la avalanche propagandística que exalta la maternidad tradicional: prolífica, sacrificada y heróica. De 1922 a 1968 Excélsior organizó festivales populares en el Día de la Madre, donde participan figuras artísticas de primer orden: Agustín Lara, quien declaró: “Todos llevamos un altar para nuestra madre, iluminado con la llama votiva del amor y la admiración”; Pedro Vargas dice: “Más que de la garganta, saldrán del corazón las palabras para depositar mi homenaje a sus pies” (Excélsior, 10 de mayo de 1953). También parte de Excélsior la iniciativa, en 1927, de construir un Monumento a la Madre, que el presidente Miguel Alemán inaugura en 1949. Dicho lleva el lema “A la que nos amó antes de conocernos”.

Una mañana de frío inviernoun pajarillo me fue a cantarera mi madre que en forma de avea su hijo amado iba a consolar(Prisionero de San Juan de Ulúa.)

1.El mito de la madre es el mito de la omnipotencia materna. surgida del amor incondicional, de la abnegación absoluta y del sacrificio. Al explorar la psicología de las motivaciones del mexicano, Santiago Ramírez considera que la carencia de la figura paterna es determinante en la constitución del “machismo”; según él, en ese proceso, la madre aparece refugiada en el “martirio masoquista” de la abnegación.

Como siempre sucede, el mito recoge cuestiones reales -las madres suelen ser abnegadas, generosas y amorosas- y también encubre aspectos negativos o contradictorios. Si desmitificamos la imagen de la “madrecita santa” encontramos a madres agotadas, hartas, golpeadoras, ambivalentes, culposas, inseguras, competitivas o deprimidas. El mito de la madre no registra las aberraciones, crueldades y locuras que muchas madres -sin duda víctimas a su vez- ejercen contra sus hijos. E1 mito del amor materno encubre Las motivaciones hedonistas, oportunistas, utilitaristas e interesadas de madres pasivas, insatisfechas, locas, crueles, nareisistas o simplemente desinteresadas en el hijo. E1 deseo “natural” de tener un hijo puede ser el deseo de reafirmar la propia femineidad, de rejuvenecer, de unirse a un compañero, de llenar el hueco dejado por hijos mayores, de asegurarse una vejez acompañada.

Sibila Aleramo se pregunta: “¿Por qué adoramos en la maternidad el sacrificio? ¿De dónde ha llegado hasta nosotros esta inhumana idea de la inmolación materna? De madre a hija, durante siglos, se transmite la servidumbre.” El sufrimiento aparece como indispensable del amor materno, como si los dolores de parto marearan la maternidad para siempre como una vivencia dolorosa. A pesar de los elementos que articulan la figura materna como omnipotente, el mito favorece una mentalidad victimista que homologa maternidad, amor, servicio, victimización. La valoración social de las mujeres como madres y el nivel de gratificación narcisista que las compensa profundamente, facilitan la aceptación de las propias madres del mito impregnado de sacrificio y victimización.

La capacidad femenina de gestar y parir, y el concomitante trabajo de crianza y atención, son considerados para la mayoría de las personas como la esencia de las mujeres. El entramado que sostiene el mito de la madre es la femineidad, no en el sentido del estereotipo o de las consignas comerciales de lo que es “ser femenina”, sino como el proceso psíquico que lleva a las mujeres a asumirse, sentirse y vivirse como tales. La maternidad, un trabajo ligado a la afectividad (un trabajo de amor se suele decir), recibe a cambio dosis más o menos elevadas de gratificación psíquica y de poder en el campo interpersonal de la familia y la pareja.

Cuando se habla de la maternidad sólo en términos de “destino sublime” se olvidan las horas/trabajo que implica; cuando se elogia la abnegación, se deja de lado el despotismo y la arbitrariedad que suele acompañar la crianza; cuando se alaba la devoción, se desconocen el maltrato y la crueldad. Por otro lado, las embarazadas no consiguen empleo, las parturientas son maltratadas en los hospitales y las madres no cuentan con opciones de cuidado para los hijos, lo que las limita laboral, política y socialmente, además de cargarlas con el desgaste físico y emocional que supone atender a los hijos.

La familia es el lugar de trabajo no reconocido de las mujeres, en su mayoría madres. E1 mito privilegia el ámbito de la familia, y oculta que la responsabilidad de las madres por este espacio privado limita su participación pública. Aunque se declare que la familia tiene superioridad moral sobre cualquier otro ámbito público, es evidente que no se prioriza políticamente a la familia con medidas económicas o de servicios. La mistificación de la maternidad sirve para ocultar la poca importancia real que la sociedad otorga a este laborioso, complejo y determinante trabajo. Como ser madre es algo “natural” tampoco se reconoce el alto costo personal que la maternidad supone para las mujeres.

Sólo me parte el alma y me conmueve,que dejo tan solita a mi mamá,mi pobre madrecita que es tan vieja,¿quién en mi ausencia la consolará? (Despedida.) 

La maternidad hace vivir a las mujeres de manera simultánea una subordinación a los poderes establecidos en la sociedad y el disfrute de un poder casi total sobre los hijos. El atrapamiento de las madres en lo privado tiene como consecuencia la pérdida de ejercicio de su ciudadanía y de poder político. Pero este “sacrificio” no es gratuito, tiene un precio y les cobra muy caro a las criaturas la exclusión social de sus madres Rosa Coil señala que la maternidad “está urdida en una trama de posesión y de dominio” pares “ha sido tan fácil, tan ‘natural’, para la madre confundirse y creer que ella verdaderamente posee a sus hijos: se engendran en su vientre, maman de sus pechos, la necesitan constantemente, ¿cómo no va a creer que son suyos?” Esta situación vuelve a la mujer más propensa que el varón a caer en la “trampa de los hijos”. Coll concluye que: “Si la mujer ejerciese más plenamente su poder como individuo, no necesitaría entrar en el juego nefasto que logra el dominio a través de la entrega: el poder sobre los hijos y la dependencia de éstos se nutre de su constante carácter de surtidor.”

Coll apunta la salida feminista: “Quizá un camino posible para la mujer-madre sea no postergarse eternamente, de modo tal que sus deseos insatisfechos no avancen sobre sus hijos, al pretender que éstos completen los huecos de sentido que ella no llenó.” En ese sentido, coincide con la literatura psicoanalítica, que plantea que la dedicación exclusiva de las madres no favorece la salud mental de los hijos, si no que, al contrario, los carga de problemas.

Des-construir el mito de la madrecita santa es una urgente tarea política. Para ir desarmando el discurso que plantea la maternidad como vocación “natural” de las mujeres o como “esencia” de la femineidad, hay que parafrasear a De Beauvoir: “No se nace madre, se llega a serlo.” El desmoronamiento del mito de la madrecita santa debería llevar, pues, a una redefinición de una nueva forma gozosa, compartida y responsable de tener y criar hijos. Dejar de considerar la maternidad como sinónimo de y empezar a considerarla como un hecho amoroso que requiere, para poder ejercerlo a plenitud, de un paso previo: el amor de la mujer a sí misma. El amor propio de las mujeres, en los términos que apunta Fernando Savater, “como inspiración ética que funda un sujeto responsable de sí mismo”, es un requerimiento para enfrentar el victimismo, el dominio o la sobreprotección que envenenan el ejercicio tradicional de la maternidad.

Florescano, Enrique
“Mitos mexicanos”
Ed. Aguilar, México 1995

Soy:
la-que-no-pide-permiso
la-no-doy
la-tampoco-fío
la-que-se-multiplica
la-yo-misma
la-reflexiva-y-sin reveses-
la-que-va-a-donde-sea
la-que-no-se-calla
la-que-se-deja-la-barba
la-que-no-tiene-ni-un-pelo-de-tonta.

Sayak Valencia , ”This is a hairy tale, not a fairy tale, Are you ready?”.

En todo amor hay por lo menos dos seres, y cada uno de ellos es la gran incógnita de la ecuación del otro. Eso es lo que hace que el amor parezca un capricho del destino, ese inquietante y misterioso futuro, imposible de prever, de prevenir o conjurar, de apresurar o detener. Amar significa abrirle la puerta a ese destino, a la más sublime de las condiciones humanas en la que el miedo se funde con el gozo en una aleación indisoluble, cuyos elementos ya no pueden separarse”.

—Bauman, “Amor líquido”.

The #321 rule of a lady:

The #321 rule of a lady:

La ruta de las que serán violadas.

Del sufrimiento de las migrantes centroamericanas que deciden marcharse hacia Estados Unidos sabe muy bien Marcela Zamora, una cineasta salvadoreña de origen nicaragüense que cuatro veces hizo y deshizo el trayecto que día a día recorren miles de centroamericanos con la esperanza de cruzar la frontera hacia el llamado sueño americano. Se trata de una angustiosa travesía por México de 5.000 kilómetros, en la que las mujeres centroamericanas padecen todo tipo de abusos.

Esas historias incluyen maltratos y violaciones, por los que estas mujeres, antes de dejar sus países, toman sus precauciones: muchas se inyectan Depo-Provera, un compuesto anticonceptivo de una sola hormona llamada medroxiprogesterona que impide la liberación del óvulo durante tres meses con una eficacia hasta del 97%. Este medicamento es vendido libremente en las farmacias centroamericanas. Algunos expertos han llamado al Depo-Provera la “inyección anti-México”.

La mayoría de las personas que dejan Centroamérica para intentar llegar a EE UU son mujeres: son el 57% de los migrantes de Guatemala y el 54% de El Salvador y Honduras, según la Mesa Nacional para las Migraciones de Guatemala. Marcela Zamora cuenta que el uso de esta inyección es relativamente nuevo. En sus primeros viajes, Zamora vio que las mujeres llevaban condones, su única protección ante el abuso al que son sometidas por los llamados coyotes o polleros, las autoridades mexicanas o los bandidos que asaltan a estas mujeres y abundan en el recorrido.

Los preservativos son como amuletos a los que se aferran muchas centroamericanas. “Una mujer en la Casa del Migrante de Guatemala tenía en su bolsa como única pertenencia 12 preservativos”, cuenta Argan Aragón, un especialista en migración que ha hecho el recorrido de los migrantes y se está doctorando en Sociología en La Sorbona. “Cuando se le preguntó por qué los llevaba, respondió: ‘Es que yo sé a lo que voy’. Realmente saben a lo que van. Se estima que entre seis y ocho de cada 10 mujeres centroamericanas son violadas en su paso por México”, asegura Aragón.

Conscientes de que no pueden evitar ser violadas, las migrantes centroamericanas deciden inyectarse Depo-Provera, así, al menos evitan quedar embarazadas producto de las violaciones. Aunque eso no las previene de enfermedades como el sida, advierte Zamora. La cineasta recuerda que en Chiapas, al sur de México, conoció la historia de un hombre que era el terror de las centroamericanas. Supuestamente portador del VIH, violaba a las mujeres impunemente. “Cometió los crímenes durante año y medio”, cuenta Zamora, hasta que las autoridades de México lo detuvieron.

Además de usar Depo-Provera, las centroamericanas han optado por buscarse “maridos” en el trayecto, continúa la directora. Se unen a grupos de hombres migrantes como ellas, escogen uno y llegan con él a un acuerdo simple: protección a cambio de relaciones sexuales durante el trayecto. Otras usan su cuerpo como boleto de viaje para llegar a EE UU. “El sexo se vuelve una estrategia para ellas. Algunas cuentan que piensan librar controles de las autoridades migratorias o policiales, librar asaltos, hacerse ayudar durante el viaje o irse con un camionero de frontera a frontera, a cambio de favores sexuales”, explica Aragón.

Y muchas lo logran, afirma este sociólogo. “Muchas hondureñas se visten muy sexi durante el viaje (con escotes y minifaldas), para seducir y así ir pasando los obstáculos. Conocí a una niña muy guapa, que viajaba con pollero y con toda su familia, que tenía que ir haciéndose novia de un chavo autóctono en cada camión para que la policía no le pidiera papeles a ella. También tendría que acceder a lo que le pidiera cualquier autoridad, y también se le entregaba al pollero. No sé cómo llegó a Los Ángeles, si es que llegó, pero esto ha de haber alterado su percepción de sí misma y de la de sus padres, con quien viajaba”, dice Aragón.

El maltrato también viene de parte de las autoridades mexicanas, asegura Sara Lovera, periodista de ese país que ha estudiado el fenómeno. “Nadie se hace cargo de las migrantes. Ellas sufren una enorme cadena de violaciones a sus derechos humanos, y la extorsión es una de las cosas más terribles: para dejarlas pasar por México, el pago es el sexo para las autoridades”, explica Lovera.

La cineasta Marcela Zamora agrega a la lista de vejaciones la extorsión a la que están sometidas por Los Zetas, la organización criminal mexicana que siembra el terror en todo el país y el norte de Centroamérica. Los Zetas, explica, secuestran a los migrantes que cruzan México y exigen a sus familiares el pago de altas sumas, que muchos no pueden entregar; si no pagan, son asesinados.

En su documental María en tierra de nadie, Zamora entrevista a una migrante que fue capturada por Los Zetas. La mujer, entre llantos, contó a la cineasta que a cambio de dejarla con vida, le exigieron que trabajara durante un mes como cocinera y empleada de un “carnicero”: “Es el que mata a las personas que no tienen a nadie que responda por ellos. Destaza a la gente, los mete en un barril y les prende fuego”, cuenta la mujer. “Adaptarse a esa realidad es ahora inyectarse el Depo-Provera”, dice el sociólogo Argan Aragón. “Ante la absoluta desesperación e incertidumbre del viaje, las mujeres tratan de controlar lo poco que depende de ellas. Las migrantes saben que van a tener relaciones sexuales, que es muy probable que los hombres, aun en caso de relación sexual sin resistencia, no aceptarán ponerse el preservativo”.

Carlos Salinas Maldonado, “La ruta de las que serán violadas”, [en línea] El País .com, 14 de noviembre de 2011, Dirección URL: http://bit.ly/uxr7K7 [consulta: 16 de enero de 2012].

La violación como precio del pasaje.

Sigo de pie, agarrado a una pequeña barandilla metálica roñosa que es mi único asidero entre estos dos vagones cargados de cemento. No quiero sentarme para que no me venza el cansancio y el sueño. No me fio de La Bestia. Son poco mas de las cinco de la mañana. Miro hacia abajo y alumbro con una pequeña linterna las ruedas de La Bestia. Tengo la impresión de estar subido en una especie de cuchilla gigantesca, que chirría constantemente. Un tropezón, un empujón, un descuido y se acabó. Acabamos de pasar por el apeadero de Matías Romero, una pequeña localidad de Oaxaca, México. Mis compañeros de viaje, los ilegales que cuelgan conmigo en este tren de mercancías, me dicen que ahora empieza lo bueno. “Entramos en territorio de los Zetas”, me suelta un guatemalteco. ¡Los Zetas! Probablemente el cártel mas sanguinario de los narcos de este país. Los que se dedican a subir a Internet vídeos decapitando a sus víctimas. Los autores de la masacre de San Fernando, donde asesinaron a 72 migrantes ilegales como estos, como nosotros, después de secuestrarlos. “Si el tren se para de repente, como sin justificación, salte varón, porque van a subirse las Maras o los Zetas. Salte y corra hacia el bosque si quiere seguir vivo”, me dice otro de los migrantes.

Aquellos 72 migrantes fusilados a bocajarro tomaron una decisión muy valiente que les costó la vida, me había dicho el Padre Alejandro Solalinde en su albergue de Ixtepec: “Al no poder pagar su rescate debían trabajar para los Zetas como sicarios, asesinando a otros migrantes. Y al negarse masacraron a los 72”. Solalinde es uno de los activistas pro derechos humanos más conocido de México. Lleva años denunciando los abusos de las autoridades y de los narcos contra los migrantes, y ofreciéndoles cama, comida y consejos para seguir el camino. Cuando le dije que me iba a subir al tren, a La Bestia, me dijo que era muy necesario que se mostrarán las condiciones del viaje de todos estos desheredados, pero que tuviera mucho cuidado. Que su propio albergue había documentado el año pasado 362 secuestros de migrantes. “Y no sabemos cuantas personas han sido asesinadas o desaparecidas, y yacen por ahí, en fosas clandestinas”, me contaba con pesar.

Solalinde es de esas personas que destilan bondad. Casi todos los migrantes con los que viajo en este convoy de mercancías han pasado por su casa, pegada a la vía del tren. Vestido de un blanco inmaculado le he visto recibir a todos los ilegales que llegan a lomos de La Bestia, sabiendo que muchos de ellos viajan con un guía, un pollero, un traficante que les esconderá en casas de seguridad y que les cobrará 2.000 dólares por llevarles a los Estados Unidos. Muchos de esos serán secuestrados por los propios traficantes de personas. “Hay que investigar y rastrear las trasferencias de dinero de Western Union, porque muchas de ellas no son remesas de dinero de los emigrantes que trabajan, sino pagos del rescate por un familiar secuestrado en La Bestia”, me cuenta muy serio.

Siete de cada diez mujeres son violadas

Pero si algo le enerva de verdad es hablar de las mujer migrantes, las mas vulnerables, las mas desprotegidas: “Es rara la que se salva de ser violada”, dice circunspecto. Le pregunto que datos tiene. Me mira y reflexiona. Cuenta que es difícil tener estadísticas fiables porque las mujeres tienden a ocultar la violación. Que los estigmas sociales, el peligro de expulsión si lo denuncian, o el deseo de llegar como sea al norte, a Estados Unidos, les lleva a ocultar y callar los asaltos, pero que son muchas: “Siete de cada diez mujeres migrantes que pasan por México son violadas en algún punto del recorrido..”

¡La violación como parte del precio del pasaje!. Antes de subirme a La Bestia había preguntado a algunas mujeres migrantes por el peligro de ser abusadas sexualmente. Todas encogían los hombros y bajaban la mirada, como dando por hecho que suele pasar y que les puede pasar. Una suerte de derrotismo vital. Muchas de estas jóvenes, guatemaltecas, salvadoreñas, hondureñas, se inyectan antes de subirse al tren un anticonceptivo conocido como Depo-Provera. Le llaman “la inyección anti-México”. Impide la ovulación durante tres meses y de esa manera, si son violadas, evitan al menos quedarse embarazadas.

“Aquí, en La Bestia, se pierde la vida y la dignidad. Aquí si un puñado de hombres dicen ‘te vamos a agarrar y te vamos a violar’, lo hacen… Enfrente de todos… Y nadie dice nada…”. Me lo contó Morena Alfaro, una salvadoreña de 32 años de mirada vivaracha. Ella se libró por los pelos. O según ella, por la intercesión de la Virgen de Guadalupe, de la imagen que lleva colgando del cuello. Ocurrió en una de las paradas del tren. Eran varios. A ella se la llevaron lejos de las vías y le pusieron una pistola en la cabeza. Lloró, suplicó y le pidió al asaltante que se acordara de su propia madre. “Le dije que el también era hijo de mujer, como yo..”. Finalmente le dió una fuerte patada y le robó todo lo que llevaba. Su prima tuvo menos suerte y fue violada por varios tipos.

Es tan escandalosa la certeza de esas mujeres de que serán abusadas sexualmente que algunas de ellas optan por vestirse de manera sexy y aprovecharse de su cuerpo para seguir avanzando en los controles de migración. Otras, como Morena, deciden buscarse maridos de conveniencia. El trato es ofrecer a ese hombre favores sexuales a cambio de protección. Que se haga pasar por su marido y la defienda. “Yo no lo considero prostitución -me dice Morena-, sino supervivencia. Lo hago para sobrevivir. La prostitución se hace por dinero y esto es por necesidad. O lo hago o no avanzo en la ruta”.

Morena no cogió el tren ésta noche. Se quedó en la estación esperando al siguiente porque estaba, decía, justita de fuerzas. Hay que tener muchas agallas para subirse a un vagón como éste en el que estoy. Para pasarse toda la noche a oscuras, rodeada de tipos que no conoces, expuesta al asalto de los bandas organizadas que buscan mujeres como ella para violarlas u obligarlas a prostituirse en garitos de mala muerte en Tapachula o Ixtepec. Son las seis de la mañana. Empieza a amanecer. Ahora por fin puedo ver algo del paisaje que atravesamos. Sigo en territorio de los Zetas, los de la última letra, como les dicen. El tren ha frenado un momento, casi se ha parado, y me subido al techo del vagón para ver qué pasa. Veo las caras de miedo de otros migrantes. Todos pensamos lo mismo: “nos van a asaltar”…

Jon Sistiaga, “La Violación como precio del pasaje”, [en línea] El País .com, 16 de enero de 2012, Dirección URL: http://bit.ly/ArFHOw [consulta: 16 de enero de 2012].

Un joven…

Un joven…

Revolution.

Revolution.

Echoplex - Miami Horror.

ridemydf:

En los últimos días se ha discutido en el país y en especial en la ciudad sobre la eliminación de la tenencia vehicular. Mucha gente está a favor de eliminarla y somos pocos los que tenemos consciencia de por qué no valdría la pena quitar este impuesto. Argumentos en contra de la eliminación hay muchos. Y aquí haré una pequeña lista de por qué no vale la pena perder la recaudación de este impuesto.
Desde el punto de vista fiscal. Si se dejara de recaudar este impuesto se perderían alrededor de 6,500 millones de pesos (4.5% de los ingresos del DF), esto no sólo afectaría en los ingresos del gobierno local sino que habría una reducción de las transferencias federales.

La decisión de eliminar o reducir el cobro de la tenencia obedecería más a motivos políticos que a intereses económicos de largo plazo. La adopción de la tenencia como impuesto local es una oportunidad para fortalecer la autonomía fiscal de los estados y evitar la reducción de ingresos. - IMCO

En el aspecto social, con la tenencia se subsidian diversos programas sociales, lo cual afectaría a los estratos más bajos de la población. También la tenencia es de los pocos impuestos redistributivos, es decir, que hacen que paguen más los que deberían pagar más. Por ejemplo, el que tiene un BMW paga mayor tenencia que el que tiene un Tsuru. 

En el caso del DF, el 25% más rico de la población actualmente aporta la mayor parte de los casi 550 millones de dólares que se recaudan anualmente a través del cobro del impuesto a la tenencia vehicular, recursos que están orientados a financiar los programas sociales que benefician al 60 por ciento más pobre -Pedestre

Desde la perspectiva económica, el uso del automóvil provoca congestión y ésta se puede estudiar como una falla de mercado, es decir, como una externalidad negativa. El uso de automóvil tiene un impacto negativo que afecta a alguien que no tiene una participación directa en este intercambio. Conclusión: El tráfico que provocamos con el coche afecta incluso a los que no lo utilizan. Esto implica que haya un deficiencia  porque el costo marginal social (el que pagamos todos) es mayor al costo marginal privado (el que paga el conductor). La tenencia se puede ver como el impuesto que iguala el costo marginal social con el costo marginal privado. 
Finalmente, el argumento ambiental. Con el impuesto de la tenencia se puede desincentivar el uso del coche o reducir el número de personas que entran al mercado automotriz. Lo que a largo plazo significaría que la gente podría utilizar medios alternativos de movilidad y así no eliminar por completo pero reducir el número de usuarios de automóvil. 

 Estoy consciente que el objetivo inicial de la implementación del cobro de la tenencia no tenía alguna relación con los argumentos anteriores. Sí, ese dinero se destinó a las olimpiadas de 1968 y no es justo que se siga pagando. Pero, hoy por hoy, la tenencia va mucho más allá de juegos olímpicos y la decisión de eliminarla no se puede llevar a cabo con base en argumentos del pasado, sino pensando en el impacto a futuro. Por estas razones yo digo: NO a la eliminación del cobro de la tenencia. 

ridemydf:

En los últimos días se ha discutido en el país y en especial en la ciudad sobre la eliminación de la tenencia vehicular. Mucha gente está a favor de eliminarla y somos pocos los que tenemos consciencia de por qué no valdría la pena quitar este impuesto. Argumentos en contra de la eliminación hay muchos. Y aquí haré una pequeña lista de por qué no vale la pena perder la recaudación de este impuesto.

Desde el punto de vista fiscal. Si se dejara de recaudar este impuesto se perderían alrededor de 6,500 millones de pesos (4.5% de los ingresos del DF), esto no sólo afectaría en los ingresos del gobierno local sino que habría una reducción de las transferencias federales.

La decisión de eliminar o reducir el cobro de la tenencia obedecería más a motivos políticos que a intereses económicos de largo plazo. La adopción de la tenencia como impuesto local es una oportunidad para fortalecer la autonomía fiscal de los estados y evitar la reducción de ingresos. - IMCO

En el aspecto social, con la tenencia se subsidian diversos programas sociales, lo cual afectaría a los estratos más bajos de la población. También la tenencia es de los pocos impuestos redistributivos, es decir, que hacen que paguen más los que deberían pagar más. Por ejemplo, el que tiene un BMW paga mayor tenencia que el que tiene un Tsuru. 

En el caso del DF, el 25% más rico de la población actualmente aporta la mayor parte de los casi 550 millones de dólares que se recaudan anualmente a través del cobro del impuesto a la tenencia vehicular, recursos que están orientados a financiar los programas sociales que benefician al 60 por ciento más pobre -Pedestre

Desde la perspectiva económica, el uso del automóvil provoca congestión y ésta se puede estudiar como una falla de mercado, es decir, como una externalidad negativa. El uso de automóvil tiene un impacto negativo que afecta a alguien que no tiene una participación directa en este intercambio. Conclusión: El tráfico que provocamos con el coche afecta incluso a los que no lo utilizan. Esto implica que haya un deficiencia  porque el costo marginal social (el que pagamos todos) es mayor al costo marginal privado (el que paga el conductor). La tenencia se puede ver como el impuesto que iguala el costo marginal social con el costo marginal privado. 

Finalmente, el argumento ambiental. Con el impuesto de la tenencia se puede desincentivar el uso del coche o reducir el número de personas que entran al mercado automotriz. Lo que a largo plazo significaría que la gente podría utilizar medios alternativos de movilidad y así no eliminar por completo pero reducir el número de usuarios de automóvil. 

 Estoy consciente que el objetivo inicial de la implementación del cobro de la tenencia no tenía alguna relación con los argumentos anteriores. Sí, ese dinero se destinó a las olimpiadas de 1968 y no es justo que se siga pagando. Pero, hoy por hoy, la tenencia va mucho más allá de juegos olímpicos y la decisión de eliminarla no se puede llevar a cabo con base en argumentos del pasado, sino pensando en el impacto a futuro. Por estas razones yo digo: NO a la eliminación del cobro de la tenencia. 

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